Por Carolina Barrero
La bandera ha formado parte de la historia del arte desde el Romanticismo. El uso de la bandera en su obra [Otero Alcántara] no es correcto o incorrecto, sino artístico. El arte trabaja con el universo de lo simbólico en el que solo tienen cabida los juicios estéticos. De la performance Drapeau[1] valdría decir, no obstante, que su relación con la bandera está llena de afecto y reconocimiento, un tributo a la historia y a los valores de la nación. Pocas cosas pueden ser más conmovedoras que un joven que duerme, despierta, crea, trabaja y sueña arropado por los valores de su bandera.